“No hay que dar vuelta la página, hay que leer el libro completo”

La emisión de la “Batalla de Chile” por La Red ha sido el tema de este fin de semana pasado, reavivando el debate sobre la “pluralidad” en los medios de comunicación, pues luego de más de 40 años de su emisión, nunca antes fue transmitida a televisión abierta y más encima fue un canal privado que tuvo que pagar por los derechos al único canal estatal. Aún así hay muchos detalles que destacar, como ejemplo el léxico de los pobladores y trabajadores, la organización y formación de cuadros que tenían no solo las juntas de vecinos y los sindicatos, sino que además los cordones industriales gestionados por los mismos obreros de las fábricas, se destaca también el ideal político de compromiso no solo con la militancia sino con lo que ellos mismos dicen “consciencia de clase”. Que gran lección de educación cívica avanzada enseña la historia bien documentada, que el compromiso con un proyecto va más allá de ir a votar, sino que, junto a formación política y organización, siendo la gente protagonista del proyecto del gobierno que eligieron defender

La conspiración para derribar la democracia tal como fue mostrada, no fue solo hecha por altos mandos que traicionaron su juramento de defender la constitución (la del 1925) y la confianza del presidente Allende, sino que involucro como bien dice Mario Amorós en su libro “Entre la araña y la flecha, la trama civil contra la Unidad Popular” a “generales civiles”. Entre cuales están Agustín Edwards (dueño del Mercurio y cuya familia aún lo tiene), Eduardo Frei Montalva (presidente del Senado), Sergio Onofre (líder del partido nacional y fundador de renovación nacional), Patricio Aylwin (líder de la democracia cristiana), Pablo Rodríguez (jefe nacional de Patria y Libertad),Orlando Sáenz (presidente de la SOFOFA, del cual hoy es presidente el polémico Juan Sutil), Jaime Guzmán (fundador del gremialismo en la Pontificia Universidad Católica, la cual desde la federación de estudiantes convirtió en bastión contra el gobierno de la Unidad Popular), León Vilarín (caudillo de la confederación nacional del transporte terrestre) y una organización patronal con financiamiento norteamericano que se empeñaba en destruir la economía nacional. A pesar de todas las estrategias, la coyuntura que inclino a estos personajes y sus organizaciones a conspirar con los altos mandos, fueron las elecciones parlamentarias en marzo de 1973 que con más del 43% de los votos, la Unidad Popular logro aumentar su poder político incluso frente a una oposición unida desde la Democracia cristiana hasta la derecha, lo que les dio señal que el gobierno solo se podía derribar con las armas

Es importante señalar que la democracia cristiana tenia la bisagra para el dialogo con el gobierno, y aunque hubo un grupo de disidentes con Radomiro Tomic a la cabeza que lo apoyaba, no eran la mayoría. La dirigencia de la DC se hizo eco del mito del plan de “convertir a Chile en una colonia soviética”, su anticomunismo como ideología le nublo, y por ende cuando el golpe se hizo realidad, Frei Montalva y Aylwin defendieron el hecho como un “mal menor” e incluso hasta el año 2012 con todas las evidencias, Aylwin afirmaba que la culpa del golpe era de Allende. Es importante afirmar que desde el golpe, la DC participo en el gobierno de la Junta Militar, pues el único civil del primer gabinete ministerial fue un militante DC, Gonzalo Prieto, titular de Justicia y Max Silva (ex presidente de la JDC) asumió la subsecretaria de Justicia, cargos claves para silenciar en el corto plazo, las denuncias contra la represión. Citando a Mario Amorós en el libro ya mencionado refiriéndose al papel de la DC durante la antesala al golpe de Estado “…en el momento más decisivo de la historia nacional en el siglo XX, se alineo con las fuerzas políticas y sociales conservadoras y con los grandes intereses económicos para defender, al precio que fuera necesario, la sociedad capitalista”. Cumpliendo el rol que los fondos norteamericanos les dieron desde 1964 para impedir el socialismo, aunque este hubiera llegado por vías democráticas al poder. El anticomunismo como ideología y excusa unió y une a sectores conservadores desde la democracia cristiana hasta la derecha para atacar y frenar cualquier propuesta o proyecto de cambio para el país, situación que se observo con la revuelta social desde octubre del 2019

¿Por qué no hay que dar vuelta la página? Porque los llamados a olvidar la historia son un atentado a la democracia y al ejercicio de la memoria como reivindicación, pues como país nos constituimos con proyectos colectivos, y mientras haya un grupo que considere a los derechos humanos como “excusas” y se diga que el negacionismo es una “opinión política” o peor se trate de “igualar” la maquinaria militar de la dictadura con un pueblo desarmado cuya única “arma” eran sus ideales, no se podrá avanzar hacia un proyecto de justicia social