Medidas de cuidado psicológico de equipos que trabajan en salud en el contexto de la pandemia de Covid-19 en Chile

Conclusiones y discusión

Ninguno de los entrevistados maneja con claridad estos conceptos de cuidados psicológicos de equipos de salud en contextos de emergencia y, consecuentemente, en ninguno de sus servicios se implementan.
Como se desprende de lo anterior, la mirada clínica-curativa se encontraba implementada y disponible, pero no como medida permanente asimilada en la función de jefatura, y la mayoría de los puntos mencionados (recomendaciones de cuidado psicológico de equipos que trabajan en emergencias) eran desconocidos y por lo mismo no se hallaban operativos en ninguno de los servicios donde se desempeñaban los entrevistados.
Es decir, prevalece una visión individual y clínica que resalta la respuesta de la persona, pero invisibiliza el manejo emocional como equipo: es la persona quien debe pedir ayuda, la que al mismo tiempo es percibida como la más débil y disfuncional al sistema.
Hace unos años atrás atendí a un ex funcionario de un organismo internacional relacionado con Naciones Unidas. Este jóven profesional se había desempeñado durante seis meses en su cargo que implicaba escuchar relatos de refugiados que cargaban con experiencias de guerra y se hallaban desplazados, exiliados o en tránsito. Sin haber presentado previamente antecedentes de cuidado, al cabo de seis meses hizo un intento de suicidio.
Durante las primeras entrevistas se puso en evidencia que los representantes de ese organismo internacional en Chile, no habían implementado estas medidas de protección recomendadas por la OMS dañando seriamente a esta persona. Ese accionar resulta particularmente negligente porque tales medidas no solo son norma en la práctica profesional en otros países, sino que en nuestro medio se traduce en un ahorro presupuestario inmoral con resultados catastróficos.
La exposición a situaciones de agonía, sufrimiento y muerte, debe entenderse como la exposición en lo emocional a un factor nocivo o tóxico que va a impactar a nuestros trabajadores. Eso ya ha sido demostrado en estudios internacionales y no existe duda o discusión sobre este tema. Lo que sí puede variar es la intensidad de ese impacto en las distintas personas y el canal (o modalidad psicofísica) a través de la cual se va a manifestar.
Es razonable pensar que en situaciones de emergencia sanitaria habrá una enorme presión a aumentar los tiempos presenciales y disminuir los descansos, pero se debe tener presente que esto expone a los miembros del equipo a experimentar efectos psico-emocionales a corto, mediano y largo plazo. Habrá que prestar especial atención al vínculo perverso que se establece entre las presiones por rendimientos y estadísticas y el cuidado de los equipos, en especial los de primera línea.
Puedo afirmar que en el 100% de los entrevistados, no existe conciencia de este efecto, sino por el contrario, se refieren a ellos mismos como personas dedicadas, esmeradas en su trabajo y legítimamente orgullosas del aporte que realizan. Dan a entender que la posibilidad de ejercer su trabajo es en sí una fuente prioritaria de su bienestar psíquico y temen llegar a contagiarse y a perder la oportunidad de realizarlo.
Del mismo modo y de una forma transversal tanto enfermeras, médicos o técnicos (no entrevisté personal auxiliar) transmiten -de un modo velado y no consciente- una noción inmanente de valentía y fortaleza así como de descrédito de los “otros” que sí se atrevían a expresar estos sentimientos: “son alaracos”, “gritones”, “exagerados” refiriéndose a colegas de otros servicios que habían expresado temor por el contagio o por la mala calidad de los equipos de protección, aunque todos los entrevistados opinaban que eran escasos o de mala calidad.
De hecho, la mayoría de ellos había adquirido por cuenta propia insumos de protección de mejor calidad o que les brindaban mayor confianza o comodidad.
Los estamentos que perciben menores ingresos se sentían obligados a contentarse con el equipo proporcionado por sus respectivos servicios y cargaban además con la angustia de desplazarse en transporte público, y expresaban una visión angustiosa sobre el futuro. Este grupo se encuentra particularmente expuesto debido a la menor autonomía y limitación de recursos en general.
En resumen: Existen antecedentes internacionales validados que aseguran que la exposición al dolor, el sufrimiento humano y la muerte impacta negativamente en el bienestar psicológico de los funcionarios. A su vez están disponibles desde hace varios años normas mínimas estandarizadas que han demostrado ser reductores efectivos de este impacto y que, a la luz de este ejercicio, no se están contemplando en ninguno de los centros de salud públicos o privados donde -al menos- se desempeña el grupo entrevistado.
No obstante, es necesario destacar que en casi la mayoría se está contemplando la posibilidad de acceso a consulta psicológica y en menor medida psiquiátrica sin costo para los funcionarios y que esto representa sin duda un progreso valorable, aunque este enfoque resulta ser clínico-curativo y no contempla la percepción grupal- preventiva que incluye la preocupación por la dimensión psicológica del impacto del trabajo de cuidado en salud en contextos de pandemia como una función relevante de la administración.
Quisiera destacar que en la mayoría de los casos entrevistados, la validación de los sentimientos, la normalización de ellos (esto le está sucediendo a la mayoría de la gente y no es un problema personal), la entrega de información sobre la “evolución natural de esta sintomatología a lo largo del tiempo en situaciones de emergencia”, así como de otras medidas simples, económicas y disponibles contribuyeron a aliviar los sentimientos de los participantes aunque, reitero, no fuera un propósito explícito de este estudio.
Claramente no puede atribuirse responsabilidad o acusar de negligencia a un jefe de unidad o de servicio por desconocer la existencia, pertinencia y conveniencia de la implementación de estas sugerencias; pero lo que si resulta imperdonable es que aquellos que conocen la experiencia internacional no la apliquen en Chile simplemente porque no es estándar de la población funcionaria.
Ojalá estas breves páginas ayuden a visibilizar el tema y a incorporar algunas de estas sugerencias en beneficio de las y los trabajadores de la salud a quienes tanto debemos, sobre todo en estos momentos.

Joseph Bandet, psicólogo, psicoanalista.
Magíster en Psicología clínica. Dr. En psicoanálisis.
josbandet@gmail.com

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